De pequeño me enseñaron las bondades de la policía, de ese agente uniformado y amable que velaba por nuestra seguridad y que atrapaba a los malhechores, luego, gracias a las películas americanas, mi imagen todavía se idealizó más, el policía es todo un héroe, rescata a personas a cambio de nada y al final de la película se casa con una mujer radiante y forman una feliz familia.
Más tarde aprendí que la policía es necesaria para que el estado funcione, o eso me dijeron en el colegio, y que gracias a sus coordinaciones se consiguen grandes logros como establecer una democracia, perseguir a traficantes, terroristas o maltratadores. Pero estas palabras bonitas y cargadas de idealismos han llegado a su fin, la policía está ejerciendo una violencia de estado, una forma de terrorismo contra la población civil, ya sea mediante sanciones injustas o directamente con la agresión física.
Los Mossos d'Esquadra se caracterizan en general por una baja preparación intelectual y cultural, son personas violentas y vacías, que su única motivación es pasar una oposición (en el mejor de los casos, ya que otros entran de forma corrupta) y acceder a un sueldo seguro, perdiendo así la vocación del oficio y degradando la imagen del cuerpo. Los Mossos más jóvenes provienen en su mayoría del mundo de la noche, ya sean camareros, porteros de discoteca o directamente señores violentos que se pasan el día en el gimnasio ganando músculo para suplir así sus carencias mentales. La mayoría de Mossos han pasado por el mundo de la droga (ya sea de bajo voltaje) y muchos de ellos tienen antecedentes por malos tratos y otros tantos tienen graves desequilibrios mentales, pero eso no es problema, para ser Mosso basta con saber aplicar cuatro leyes básicas, tener músculo y un carácter chulesco. Lo demás no cuenta, son detalles sin importancia.
Una vez establecidas las normas y los perfiles, son muchos los jóvenes que acceden al puesto, con los estudios más básicos y primarios, y con un mismo objetivo, pasarlo bien repartiendo palos, ya sea a gente joven, personas indefensas o ancianos, da igual, ellos reparten y además se excusan en que los superiores les dieron la orden.
Creo que tras los acontecimientos de ayer todos hemos perdido como sociedad, y la imagen del sistema se degrada a marchas forzadas, aquellos que nos tienen que proteger y evitar disturbios son los mismos que los crean y provocan nuestra inseguridad. En esta vida no todo vale, las cosas tienen un límite, y la dignidad humana se ha de anteponer por encima de todo, si a algún Mosso le queda un poco de dignidad, tiene la opción de abandonar el cuerpo y rehacer su vida, buscar un porvenir, estudiar algo, tener inquietudes y dudas y ganar dosis de humanidad, si algún policía se arrepiente de lo hecho, puede salir a la calle y unirse a esta rebelión pacífica, a nadie se le pide el carnet ni se le miran los antecedentes, si lo hace será un auténtico héroe y seguro que se sentirá mejor consigo mismo. Si por contra prefiere seguir ejerciendo la violencia y actuar como un vándalo a las órdenes de sus amos que se atenga a las consecuencias, será un marginado social y será el blanco de nuestras iras, no tendremos compasión con ellos.
Si antes decíamos aquello de, "¡Qué vienen los ladrones!", ahora hemos de decir, "¡Qué viene la policía!". Tengan personalidad, abandonen la imbecilidad a la que están sometidos y quiéranse, no sólo físicamente.
La imagen de arriba corresponde a la plaza de Cataluña de ayer por la tarde, la respuesta ciudadana fue impecable y pacífica.
Les dejo otra imagen a modo de denuncia que debe de circular por la red para que se tomen medidas contra estos impresentables. ¡Qué vergüenza!



